CRÍTICA DE ARTE
Tempus fugit
JESÚS MAZARIEGOS/
TIC tac, tic tac...' es la forma de expresar por escrito el paso
inexorable del tiempo. 'Tempus fugit' se lee en las esferas de
algunos relojes. El reloj de arena de las vanitas barrocas, la
literaria clepsidra, o los mil y un símbolos de la caducidad de las
cosas y de la vanidad de la vida, siempre me han hablado de un
tiempo destructor, un tiempo que te lame los pies hasta socavar los
fundamentos de la existencia.
Para Javier Granados no es esa la manera de entender el tiempo.
Javier Granados es un hombre con talante de joven, dinámico y
optimista y, al pintar, transmite su positiva y esperanzada
concepción del mundo en una pintura limpia y nítida, de raíz pop.
Escritor
Pero Javier Granados, además, sabe escribir, como demuestra este
fragmento de texto que transcribo, no por llenar espacio sino
porque, no hablando directamente de su pintura, resulta clarificador
para entenderla: «Hay un tiempo para todo. Existe ese tiempo
transparente que no pesa ni duele y se desliza suave sobre los
objetos, un tiempo aliado que arrulla y adormece, un tic tac
apacible e infinito que nos pertenece y se confunde con el latido de
nuestro corazón. Existe un tiempo manso y eterno de los objetos
teñido sólo por la luz cambiante de los días y otro tiempo más
animal y desbocado que nos arrastra y zarandea y gira como un
caleidoscopio adoptando todas las formas y colores posibles».
La pintura de Granados, con el aire del pop más limpio y
perfilado, es como un manifiesto de la alegría de vivir y de la
armonía con el mundo y con las cosas. Si en la primera sala salta el
recuerdo de una pintura pesimista como la de Edward Hopper,
Granados, prescindiendo de los personajes, elimina los fantasmas del
pasado y deja sus luminosas estancias listas para ser estrenadas por
nuestra mirada, para ser habitadas por nuestro sueños de plástico.
Sus exteriores poseen la clarirad plana de David Hockney.
En la segunda sala entran en escena los personajes, pobladores de
un espacio sin referencias, perdidos sobre un fondo plano y
aparentemente incomunicados.
En la tercera sala, una serie de pequeñas esculturas en
plastilina parecen indicar que la soledad física permite la
felicidad, al menos con más failidad que la soledad social y urbana.
Los cuadros de animales, relacionados con la dedicación del
pintor a la veterinaria, son más rabiosamente pop, incluyendo vacas
y perros vistos en escorzo, gallinas en riguroso perfil y un retrato
frontal de un gallo pendenciero y amenazante cuya violenta condición
se refleja en la cita informalista de una mancha de pintura roja.